El despacho del jefe

Recuerdo la primera vez que entré en el despacho de un jefe. Tener un despacho de uso exclusivo ya es algo que no está al alcance de muchos trabajadores de oficina. Por aquellos tiempos yo estaba haciendo prácticas en una radio y me llamaron para hablar con el jefe. Entré con un poco de apuro y mientras me hablaba yo aproveché para impregnarme del ambiente.

En realidad, aquel despacho no era gran cosa. Era muy pequeño, con una mesa, una planta, una ventana bastante minúscula con unos estores enrollables que estaban a medio subir. Pero para cualquier trabajador de aquella oficina eso era como el no va más, ya que era un espacio de uso exclusivo con puerta y todo.

Volví unas cuantas veces a aquel despacho mientras duró mi beca y tuve tiempo para fijarme bien en todos los detalles. Como en las películas, el jefe también tenía una foto de su familia sobre el escritorio. En la pared, una foto con un ex presidente de la región y el escudo del Real Madrid. También pude confirmar que los estores enrollables estaban a medio subir siempre… porque no funcionaban.

A lo largo de mi vida laboral fui conociendo diferentes despachos de otros jefes y la verdad es que el del tipo de la radio quedó en muy mal lugar. Recuerdo estar durante un tiempo breve en una empresa española de software. El jefe de aquella empresa tenía un despacho a buen seguro inspirado en los magnates de Silicon Valley, salvando las distancias…

Lo que más sorprendía era la luz. Al entrar casi daban ganas de ponerse unas gafas de sol. Él no tenía estores, era todo transparencia… Los muebles tenían pinta de caros o muy caros y no había rastro de fotos de políticos, ni fútbol, ni siquiera la familia. Una foto de un perro sobre la mesa, un cuadro abstracto en la pared y un panel con una frase en japonés. Tiempo más tarde me enteré de aquella empresa se fue a pique, no sé si el gasto en diseñar el despacho tendría algo que ver.