El termómetro no engaña: empieza nuestra temporada
Hoy es lunes, mediados de octubre, y aunque el sol de la tarde todavía calienta un poco aquí en Pontevedra, en el aire ya se nota ese frescor que lo cambia todo. Para la mayoría, es el aviso para sacar la ropa de abrigo del armario. Para mí y mis compañeros de la empresa, es el pistoletazo de salida. Empieza nuestra temporada alta, la época en que nos convertimos en una de las personas más esperadas en muchos hogares de la provincia.
Trabajar en una empresa de calefacción Pontevedra es vivir pegado al termómetro. Durante el verano, el ritmo es más tranquilo: mantenimientos preventivos, instalaciones nuevas sin prisa, sobre todo de sistemas más modernos como la aerotermia, que la gente planifica con tiempo. Pero en cuanto llega el otoño, el teléfono empieza a sonar sin descanso.
Mi jornada de hoy ha sido un buen ejemplo. Por la mañana, una puesta a punto de una caldera de gasoil en una casa de campo en Marín. El dueño, un señor mayor, me esperaba con esa mezcla de prisa y preocupación: «Hay que dejarla lista, que luego viene el frío de golpe y no avisa». Revisar el quemador, cambiar los filtros, medir la combustión… es un ritual que me sé de memoria, pero la cara de alivio del cliente cuando la caldera arranca a la primera con un rugido suave, siempre es gratificante.
Después, vuelta a Pontevedra para atender un aviso en un piso del centro. Unos radiadores que no calentaban bien en un lado del circuito. La culpable, como casi siempre: aire. Purgarlos es una tarea sencilla, pero es la diferencia entre pasar frío y tener un hogar confortable. Es un trabajo muy terrenal, de solucionar problemas tangibles que afectan directamente al bienestar de las personas.
Me paso el día entre furgoneta, herramientas, manuales técnicos y el olor característico a gasoil o a metal. Recorro la comarca de arriba abajo, desde Caldas a Vilaboa. Y aunque a veces las jornadas son largas y estresantes, especialmente cuando una avería se complica en pleno diciembre, hay una satisfacción enorme en lo que hacemos. Somos los que llevamos el calor a las casas. Y ahora mismo, con el invierno a la vuelta de la esquina, sé que nos esperan semanas de mucho trabajo. El termómetro no engaña.
